LOS ARTISTAS DETRÁS DE LOS PERFUMES

LOS ARTISTAS DETRÁS DE LOS PERFUMES

LOS ARTISTAS DETRÁS DE LOS PERFUMES

Si bien hemos usado o escuchado innumerablemente miles de veces nombres de perfumes para hombre y mujer tales como, Carolina Herrera, Paco Rabanne, Versace, Acqua de Gio, Bvgari,  Calvin Klein y cualquier cantidad de marcas de perfumes para hombre y mujer, talvez no sepamos muy claro de las marcas de cada uno de estos perfumes o hemos escuchado de los dueños de estas marcas.

Por ejemplo, que hemos escuchado de la famosa Carolina Herrera, que podemos decir de este icono de la moda, su nombre completo es María Carolina Josefina Pacanins Niño, nacida En Caracas Venezuela el 8 Enero de 1939, es una de las diseñadoras de la Moda más influyentes de los últimos años es Marquesa Consorte de Torre Casa por su matrimonio con Reynaldo Herrera  hasta la revocación del título a este, a sus 80 años es reconocida internacionalmente ya que fundó su propia casa en 1981 en Estados Unidos y actualmente considerada como la diseñadora de modas hispana más reconocida mundialmente.

A primeras no relacionas Calvin Richard Klein pues te hablamos del famosa marca icono de la moda Calvin Klein, pues Calvin fue criado en una comunidad inmigrante de judíos Hunganos y se graduó  en Nueva york Fashion Institute of Technology en 1962, Adquirió experiencia en Nueva York al vender abrigos en la Séptima Avenida y revoluciono la moda de la década de 1990 con sus creaciones minimalistas y exentas de adornos al hombre y mujer modernos.

Estos son dos de los más grandes iconos de la moda súper influyentes en el día con día con nuestra prendas de nuestro closet o de la fragancia que usamos diariamente en nosotros; pero si te digo estos nombres  

  • Rosendo Mateu
  • Jean Claude DelVile
  • Rodrigo Flores Roux
  • Olivier Polge
  • Dominique Ropion
  • Anne Flipo
  • Olivier Cresp
  • Laurent Bruyere
  • Sophia Grosjman  

Seguramente nunca había escuchado de ellos, pues te conto que ellos son los artistas detrás de las fragancias de los perfumes más recocidos del mundo como el Señor Rosendo Mateu ha trabajado con Carolina Herrera icono de la moda y el Actor reconocido de películas como el Zorro el Señor Antonio Banderas sin duda sus creaciones son obras de artes

Alberto Morillas nació en Sevilla aunque de niño emigró con sus padres a Ginebra. A los 20 años sufrió “una revelación” (como a él le gusta llamarlo) sobre lo que era crear un perfume (“hasta entonces pensaba que la naturaleza mezclaba los olores a su antojo”, recuerda) y quiso ser perfumista. Su formación corrió a cargo de Firmenich, una de las principales firmas del mundo en creación de perfumes y en fabricación de materias primas sintéticas y para la que aún hoy trabaja. Pero ni los años ni la distancia le han hecho olvidar sus raíces: tiene un olivo plantado en su magnífico jardín sometido al inclemente clima suizo y su fragancia favorita es Heno de Pravia: “La huelo y se me saltan las lágrimas porque es lo primero que recuerdo haber olido”. Considerado por sus colegas como El Maestro lleva 35 años haciendo los top uno del mercado internacional. ¿Su secreto? Una memoria olfativa que alberga cerca de 2.000 esencias.

Ramón Monegal quería ser arquitecto, o diseñador de interiores. Las malas notas le disuadieron de lo primero y sus padres de lo segundo “porque en aquella época no estaba bien visto”, se lamenta. Inducido por la tradición familiar entró a trabajar en los laboratorios de Myrurgia. Al poco tiempo de comenzar le asistió la suerte del principiante y creó una fragancia que aún hoy pervive, Alada. Aquella experiencia, lejos de animarle, le dejó tan mal sabor de boca que decidió marcharse a París.

El padre de Jacques Polge era médico. Él residió unos años en Grasse (Francia), cuna de los perfumes. Allí leyó un anuncio de una empresa que solicitaba gente que hablara inglés y él, que había hecho un curso, se presentó. Hoy es toda una leyenda, nada menos que el tercer perfumista que ha habido en la maison Chanel: “Primero fue Ernest Beaux, que creó el Número 5; luego Henri Robert, autor del Número i9 y ahora yo”.

Así fueron llegando todos al oficio: más por azar que por vocación. Ninguno descubrió de niño que tenía un don especial para diferenciar un jazmín de un lirio, por ejemplo. Tampoco tras unos años de estudios recibieron un título que les convirtió oficialmente en perfumistas profesionales. Ni siquiera alcanzaron tal estatus un día concreto al crear su primer perfume, y todos coinciden en señalar que, hasta el día de hoy, su formación no ha concluido.

APRENDER LOS OLORES. El de perfumista, como tantos oficios, se aprendía trabajando al lado de un maestro como ayudante de laboratorio y, paradójicamente, la cosa no ha cambiado demasiado desde entonces. Si el maestro detectaba cierta valía en el aprendiz, éste comenzaba su formación siguiendo distintos cursos en París, Ginebra… Alberto Morillas recuerda: “Son años de muchísimo trabajo. Tienes que conocer todas las materias primas y memorizarlas, pero también todas las posibilidades infinitas de combinación entre ellas. Después has de estudiar la academia, como digo yo, que son los clásicos y todos los perfumes que existen en el mundo”.

La forma de memorizar los olores la explica cada uno a su modo, pues en esto, como en casi todo, cada maestrillo tiene su librillo: “Esto es posible gracias a la memoria olfativa, que es relacionar un olor con algo de la vida”, explica Emilio Valeros, “por ejemplo, el pachulí a mí me recuerda al baúl que tenía mi abuela en la casa del pueblo”. Para Jacques Polge la clave está en aprender a oler de manera consciente: “Y esto sólo se consigue practicando igual que el pianista hace gamas para adquirir soltura con sus dedos”.

Así se van haciendo con su portentoso olfato, una singular herramienta de trabajo que, a veces, es una verdadera tortura.

SUAVIZANTE NO, GRACIAS. Lo es cuando les toca lidiar con olores tan domésticos como el del guiso que se escapa de la cocina, el del suavizante de la ropa o el de los ambientadores para el hogar. Uno de estos ambientadores, para más señas eléctrico y con perfume a manzanas, le impidió a Valeros adquirir la casa de sus sueños. “No pude pasar de la entrada. El olor me resultaba insoportable y supe que jamás seríamos capaces de ventilar suficientemente la casa como para hacerlo desaparecer”. Alguno cuenta que, cuando viaja, jamás confía el lavado de su ropa a la lavandería del hotel (“el almidón me da pánico”); otro, lo mucho que le ha costado aleccionar a su mujer sobre la clase de productos que pueden y no pueden entrar en su domicilio, y un tercero explica que ya no usa perfumes, ni desodorantes con olor, ni nada que pueda interferir con lo que está trabajando, pues “bastante tengo con luchar contra el olor de mi propia piel…”.

Uno se imagina que un instrumento tan valioso debe requerir grandes cuidados. Por ejemplo, ¿lo tendrán asegurado? Valeros se ríe a carcajadas: “Cuidarlo sí pero, ¿asegurarlo? Eso lo hacen las actrices de Hollywood con sus piernas”. Sin embargo, Monegal confiesa que en cierta ocasión estuvo a punto de hacerlo: “Yo hago bicicleta y tuve un accidente en el que me rompí los maxilares. Me acuerdo de que estaba con la cara hecha un mapa y lo primero que hice fue ir al otorrino a que me hiciera alguna prueba para ver si el olfato estaba bien. Entonces llegó alguien y me dijo: ‘quizá sería mejor que te lo asegurases’… y lo pensé, pero al final no lo hice”.

¿Y qué hay de fumar? Sorprendentemente la mayoría fuma y, según dicen, este hábito no sólo no perjudica su percepción sino que, a veces, es hasta necesario. Un día de trabajo, después de llevar mucho rato oliendo, su olfato se satura. Necesitan volver a lo que se llama olor cero, y esto se consigue dando un paseo al aire libre o… fumándose un cigarrito. Morillas apunta: “después lavo mi nariz con agua mineral y listo”.

Con respecto a los cuidados que prodigan a su singular talento, tampoco parecen especialmente puntillosos: procuran no constiparse, salir con frecuencia al campo a respirar aire puro, mantener su ambiente de trabajo lo más limpio posible… Medidas, en fin, que también tomamos los demás mortales.

Lápiz y papel. “El trabajo de un perfumista se parece al de un compositor que tiene las notas en la cabeza y que escribe en un pentagrama una melodía. Lo que los perfumistas tenemos en la cabeza son cientos de esencias”, explica Rosendo Mateu, nariz de Puig. “Sin embargo, no somos completamente libres para crear”. De hecho, antes siquiera de que su fórmula haya sido esbozada en un papel, el perfume ya tiene nombre, estuche, color, público y precio: “Es marketing quien nos da estas indicaciones. Nuestra tarea es la de dar una respuesta en forma de olor a ese proyecto”.

En ocasiones, a las exigencias de marketing hay que añadir las del famoso de turno que va a dar nombre al perfume. “Cada vez hay menos perfumes no ligados a algún personaje, lamentablemente, porque antes eran todo perfumes de perfumistas. Hoy las personas que tienen credibilidad son los modistos o artistas o cineastas o deportistas… Bueno, yo hice un Julio Iglesias y un Severiano Ballesteros y a varios modistos, así que tampoco soy quien para quejarme”, comenta Monegal.

En cualquier caso, la tarea del nariz es interpretar los deseos de quien encarga el perfume y traducirlos a unas notas olfativas. Para ello, toman papel y lápiz y escriben una fórmula. Ésta tiene dos columnas: una indica las materias primas; la paralela, las cantidades de cada una. Mientras escriben ya imaginan a lo que olerá lo escrito, pero aún así hay que comprobarlo. Para ello pasan a la sala de composición en la que se almacenan muestras de todas las materias primas disponibles. Sobre una mesa semicircular denominada órgano, el perfumista reúne las esencias que figuran en su fórmula y en un recipiente situado sobre una balanza empieza a verter las cantidades indicadas. Esto se llama pesar. Huelen y corrigen. Huelen y corrigen otra vez. ¿Cuántas? Las que haga falta hasta que la mezcla se aproxime lo más posible a lo que buscaban. Cuando tienen distintas propuestas las muestran a marketing, a los evaluadores… Entre todos deciden la definitiva que pasa entonces a fabricación. Para cuando el perfume salga a la venta habrán transcurrido unos tres años desde que el nariz comenzó a trabajar.

Alberto Morillas

Firmenich

Acaba de regresar de Roma de presentar su última creación, Omnia de Bulgari, y está deseando darles forma a las sensaciones que ha experimentado allí. “Viajo constantemente, a París, a Nueva York… No puedo trabajar sin oler el mismo producto en distintos lugares”. Sus colegas le consideran como el mejor perfumista del mundo, un maestro a la antigua usanza, y al preguntarle qué le distingue de los demás compara su arte con el de los cocineros: “Todos han recibido la misma formación, entonces ¿por qué uno hace cosas tan novedosas como Ferrán Adriá en El Bulli? Ese don para romper el ‘siempre lo mismo’ es la creatividad. Pues nosotros igual: todos tenemos similar técnica, es la creatividad lo diferente”. Después de llevar 35 años creando los perfumes “top” uno como Must de Cartier, 212 de Carolina Herrera, Manifesto de Isabella Rosellini, Miracle de Lancôme, Aqua di Gio de Armani, CK One de Calvin Klein o Flower de Kenzo, a Morillas se lo disputan las principales firmas para crear sus perfumes. Y también los diseñadores del momento: “Ellos no pueden hacer el perfume porque no saben, los aspectos técnicos les aburren… Pero el perfume tiene que ser exactamente lo que ellos quieren que sea. Algunos como Armani tienen mucha sensibilidad y te dan ideas. Otros como Calvin Klein son menos accesibles…”. En estas imágenes posa en el jardín de su casa suiza (izda.) y en el interior (arriba). En las manos sostiene su último “hobby”: velas perfumadas para el hogar. Las comercializa bajo la firma Mizensir. Se venden en las tiendas de Carolina Herrera.

Jacques Polge

Chanel

Su memoria olfativa comprende unas 1.000 esencias aunque le molesta que se compare esta habilidad suya con la de quienes van a esos concursos televisivos en los que, con los ojos cerrados, tienen que adivinar lo que están oliendo. “Yo no adivino, creo”. Su despacho en París está presidido por una imagen gigante del Chanel Nº5 (dcha.), un perfume que 80 años después de su creación sigue siendo el más vendido del mundo. “¿Su secreto? No me lo han desvelado aún. Pero yo diría que en él concurrieron varios factores, entre ellos la suerte”. Polge es la tercera generación de perfumistas de la casa Chanel, adonde llegó en 1979. Desde entonces ha lanzado Antaeus (1981), Coco (1984), Égoïste (1990), Platinum Égoïste (1993), Allure (1996), Allure Homme (1999), Coco Mademoiselle (2001) y, hace sólo un mes Chance (2003). Hubo una época en la que le llamaban el ‘Juan Valdés del perfume’: “Él se desplazaba al último confín a buscar el mejor café, pues yo igual pero a por esencias”. Eso ya forma parte de la leyenda. Hoy, proveedores de todo el planeta le envían muestras a su despacho locos por acceder a Chanel, la única firma que aún concentra todas las tareas sin subcontratar a otras empresas. Para Polge lo más valioso de su oficio es el aspecto emocional, “eso tan íntimo que compartes con una mujer que usa uno de tus perfumes”.

Emilio Valeros

Loewe

“Mis amigos me dicen: ‘no haces más que olerlo todo’. Pues sí, voy oliendo por las esquinas, como yo digo, siempre buscando algo diferente”. Emilio Valeros no puede ocultar la pasión que siente por su oficio. “Suelo llevar frasquitos con esencias en la cartera, en el coche… Si viajo, aprovecho para oler unas pruebas junto al mar o en la montaña, pues cada perfume huele distinto según el sitio. Y si tengo una cena, saco muestras de lo que estoy haciendo porque me gusta que en mi entorno lo prueben y me digan qué les parece…”. Tamaña vocación nació en la infancia: “Mi padre trabajaba en una empresa de perfumería aunque él no era ‘nariz’. Así que en casa existían los olores típicos de este mundo y había frasquitos, “mulletes”… Cuando terminé mis estudios entré a trabajar en un laboratorio químico y un tiempo después se convocaron pruebas para acceder al laboratorio de perfumería. Yo las pasé y empecé mi formación. Lo típico: Grasse, París, Firmenich… hasta que hace 13 años llegué a Loewe”, recuerda. Para ellos ha creado Gala (1990), Aura Loewe (1994), Gala de día (1996), Agua de Loewe (2000), Esencia Femme (2002) junto a Alberto Morillas y Aire de verano (2003), que acaba de salir al mercado. En esta imagen se ve el laboratorio que ha instalado en su casa de Alcalá de Henares (Madrid). En él guarda unas 3.000 esencias, un alambique y un libro de fórmulas de los años 20.

Ramón Monegal

Myrurgia

Llegó a la perfumería obligado por las circunstancias. Sin embargo, entró por la puerta grande creando con veintipocos años Alada, todo un hito. “Fue un gran éxito, aunque era un churro, pero yo me quedé muy insatisfecho del sistema de trabajo. Yo había hecho una fragancia súper fresca pero llegó un tío de marketing y montó una especie de minarete oriental que era aquel frasco en el que la envasaron y le puso un tapón negro. La única concesión que me hicieron fue la caja verde…”. Decepcionado, se volvió a París a continuar estudiando para regresar con el tiempo a Myrurgia, en Barcelona. Hoy, muchos años y perfumes después, mantiene intacta la beligerancia de sus inicios y aún se queja del sistema: “La perfumería no es un arte. No tenemos libertad de crear ni tampoco un sitio donde exponer”. Acaba de recibir un premio FIFI (los más prestigiosos de la perfumería a nivel mundial) por Azahar de Adolfo Domínguez, pero para él los perfumes que ya ha hecho (Only de Julio Iglesias, Vetiver, Agua fresca de Adolfo Domínguez…) son historia. “Además todos tenían defectos y el perfecto está aún por hacer”.

Rosendo Mateu

Puig

Lamenta que los españoles no tengamos cultura del olfato: “Así como en un vino podemos destacar que es afrutado, por ejemplo, deberíamos conocer la descripción de los olores o las familias olfativas. Sería cuestión de hacerse unas fichas, leer…”. Considera que su trabajo es un ejercicio intelectual: “Se trata de pensar el olor y después comprobar si lo que se ha creado huele a lo que se buscaba, a lo que exigía marketing, a lo que describía la persona que inspira o da nombre al perfume”. Ha trabajado junto a Carolina Herrera o a Antonio Banderas creando sus fragancias: “En esos casos soy un traductor del olor, traduzco en un aroma sus impulsos creativos y, pese a las dificultades, es un trabajo apasionante”. Para él su olfato no es lo extraordinario, lo que verdaderamente cuenta es la pasión por el oficio: “Cada persona debe descubrir cuál es su talento y encontrar un trabajo que le permita desarrollarlo”. Mateu, que considera a sus perfumes como hijos (“no podría elegir entre ellos”) comenzó estudiando química y trabajando en los laboratorios de Antonio Puig en Barcelona. Cuando descubrieron su valía siguió su formación en Ginebra, París… En la imagen aparece en el interior de uno de los almacenes de materias primas donde éstas se encuentran a oscuras y sometidas a una temperatura constante.

Henry Madrigal.

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